La megalo-burocracia de los grandes países mastodónticos, dirigidos por partidos comunistas, ya se puede considerar como un clásico en la historia de quienes han intentado y conseguido implantar regímenes autoritarios en países muy poblados y que, por tanto, requieren disponer de una policía muy bien organizada, unos servicios de información perfectamente dotados y un número muy elevado de personas que, de alguna manera, vivan a costa del partido o de sus órganos de gobierno encargados del desarrollo económico, de la seguridad, de la enseñanza, de la propaganda, de la defensa y de las relaciones internacionales.
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