Durante años se ha repetido una frase tan injusta como simplista: “Podían haber estudiado y hacerse permanentes, suboficiales, guardias civiles… pero no hicieron nada y les pilló el toro.”
Esta afirmación no solo es falsa: oculta la raíz real del problema. La precariedad de la tropa y marinería no es consecuencia de la falta de esfuerzo individual, sino de un modelo legal y estructural que impide la estabilidad a la mayoría, por mucho que estudien, se formen o se dejen la piel en el servicio.
1. La tropa no tiene un contrato laboral: tiene un compromiso temporal por ley
Lo primero que hay que entender es que los militares de tropa no se rigen por el Estatuto de los Trabajadores. No pueden ser indefinidos, ni fijos, ni fijos-discontinuos. Su relación es administrativa, regulada por la Ley 8/2006 y la Ley de la Carrera Militar.
Estas leyes establecen que:
El compromiso inicial dura unos pocos años.
Puede renovarse hasta un máximo de 6 años.
Después, solo unos pocos acceden al compromiso de larga duración hasta los 45 años.
Y solo una minoría logra ser permanente.
La temporalidad no es una consecuencia: es el diseño del sistema.
2. “Estudiar” no garantiza absolutamente nada
Promocionar dentro de las Fuerzas Armadas no depende solo del esfuerzo. Para ser suboficial, oficial o permanente se necesitan:
Pruebas físicas exigentes
Psicotécnicos
Exámenes teóricos
Méritos
Límite de edad
Y, sobre todo, plazas muy limitadas
Miles de militares se presentan cada año. Muchos estudian, entrenan, se preparan… Y aun así no obtienen plaza, porque simplemente no hay suficientes.
Decir “que hubieran estudiado” es tan absurdo como decirle a un opositor sin plaza que “no ha hecho nada”.
3. La vida militar dificulta estudiar más que casi cualquier otro empleo
Quien afirma que la tropa “no estudia” desconoce la realidad del servicio:
Guardias de 24 horas
Maniobras de días o semanas
Disponibilidad permanente
Misiones internacionales
Jornadas irregulares
Sueldos bajos que obligan a muchos a buscar un segundo ingreso
Estudiar en estas condiciones no es imposible, pero sí extraordinariamente difícil. Y aun así, miles lo hacen.
El problema no es la falta de esfuerzo: es la falta de oportunidades reales.
4. El sistema está diseñado para expulsar al 80–90% antes de los 45 años
Este es el punto clave.
El modelo español de tropa y marinería no está pensado para ofrecer una carrera completa, sino para mantener un contingente joven y barato. Por eso:
La mayoría no podrá ser permanente, aunque saque buenas notas.
La mayoría no podrá seguir más allá de los 45, aunque haya servido 20 años.
La mayoría no tendrá estabilidad, aunque cumpla con todo.
No es que “les pille el toro”. La ley ya dice que les va a pillar.
5. Culpar al militar es una forma de ocultar el problema real
Cuando alguien dice “que hubieran estudiado”, está haciendo dos cosas:
Culpar al individuo por un sistema que no controla.
Evitar hablar del verdadero problema: un modelo de Fuerzas Armadas que genera precariedad estructural.
Es más cómodo señalar al soldado que cuestionar la ley.
6. La realidad es esta:
Miles de militares sí estudian.
Miles sí se presentan a promoción.
Miles sí aprueban, pero no obtienen plaza.
Miles sirven con dedicación, pero son expulsados igualmente.
No es un fallo personal. No es falta de esfuerzo. No es “sopa boba”.
Es un sistema que no garantiza estabilidad a quienes sostienen el trabajo más duro y menos reconocido de las Fuerzas Armadas.
Conclusión
La precariedad de la tropa y marinería no se soluciona estudiando, porque no nace de la falta de estudio, sino de un modelo legal que impide la estabilidad a la mayoría.
Mientras no se reforme ese modelo, seguir culpando al militar es injusto, falso y profundamente irrespetuoso con quienes han dedicado sus mejores años a servir a su país.
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#SoldadosAbandonados es una plataforma de familias de militares de la escala de tropa https://soldadosabandonados.blogspot.com/
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